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9 diciembre 2010 4 09 /12 /diciembre /2010 21:51

venezuela1

cuba

Aunque la lengua oficial de Cuba y Venezuela es el español, existen variaciones de distintos tipos entre una y otra. Esto no es de asombrar, ya que sabemos que aun dentro de cada uno de estos países, estas variaciones ocurren con mucha frecuencia. 

Venezuela por ser un país extenso, con muchos millones de hablantes y distintas etnias con sus lenguas autóctonas que pudieran influir en la forma de hablar el español o por ser un país continental con gran cantidad de visitantes de los países fronterizos, podría justificar las variaciones lingüísticas internas. No obstante, estas causas por si solas no parecen ser los orígenes de esas variaciones, ya que Cuba no presenta ninguna de esas características y mantiene también variaciones lingüístico-geográficas, principalmente entre el oriente y occidente del país. 

Al llegar un cubano a Venezuela, lo primero que nota son variaciones en la entonación y el ritmo, esas que aunque no entiendas las palabras, te hacen pensar inmediatamente en que la persona que habla es venezolano, colombiano, mexicano, argentino, etc. 

Pero mientras te vas adentrando en la interacción social, las variaciones de entonación y ritmo van perdiendo importancia y chocas con las variaciones léxicas. Y estas si pueden interferir grandemente en la comunicación o hasta crear situaciones embarazosas. 

Vamos a ver algunos ejemplos. Comencemos con los alimentos. Al leer el menú o decidir si aceptar o no una invitación para comer algo se complica la situación si aparecen los términos sancocho, auyama, patilla, parchita, mamón, perico, cambur, etc. Nada de esto ‘suena’ a comestible para un hablante cubano. Solo los cerdos comen sancocho en Cuba, ya que esta palabra se reserva para referirse a restos de comida que se utiliza como alimento para estos animales y, cuando más, para referirse peyorativamente a una comida mal preparada. Auyama no le dirá nada, ya que en Cuba se utiliza la palabra calabaza. Patilla para un cubano, es solo la prolongación del cabello por delante de las orejas y que se convierte en la barba de los hombres, nada que ver con lo que llamamos en Cuba melón de agua o simplemente melón (sandía). En Venezuela si pedimos melón, nos sirven lo que en Cuba denominamos melón de castilla. La palabra parchita no la relacionamos con maracuyá, que ni siquiera con este último nombre es muy conocida en Cuba. El mamón venezolano es el equivalente al mamoncillo cubano, palabras que, aunque parecen estar dentro de la misma familia léxica, a los cubanos no nos gustaría, en muchas circunstancias,  que alguien nos propusiera probar un mamónPerico y cambur no son palabras que los cubanos relacionaríamos con revoltillo de huevo y plátano fruta, respectivamente. 

También en el ámbito del vestido, tenemos diferencias. Los cubanos definen casi toda prenda de vestir que se ponga y se quite a través de la cabeza con la palabra pulóver. Esto hace difícil determinar la diferencia entre franela y chemise.  Las prendas que combinan la parte superior con la inferior, en Cuba la llamamos un juego, mientras que en Venezuela la llaman un conjunto.

Otra diferencia que llama la atención es que en Cuba las personas hacen cuentos y bromas, mientras que en Venezuela se echan cuentos y bromas. Y a propósito de esta última palabra, broma, su uso como palabra comodín, frecuente en Venezuela, no lo es así en Cuba. 

Podríamos describir muchas diferencias, pero para no alargar más esta reflexión, pasemos para una que, en muchas ocasiones, provoca situaciones poco agradables. Es el uso del verbo coger. En Cuba lo cogemos todo, desde una guagua (autobús) o un taxi hasta un resfriado, pasando por coger un gran pez, coger un dolor de cabeza, coger el lápiz con la mano derecha, coger sereno, coger sol, etc. hasta la famosa frase cubana coger o no coger  lucha. Este uso casi universal de dicho verbo por los cubanos se hace hasta ofensivo delante de hablantes venezolanos que relacionan dicho verbo con la palabra vulgar para expresar fornicar.

No obstante, son  muchos más los aspectos que nos unen, que los que nos diferencian, desde el punto de vista lingüístico o desde cualquier punto de vista de la cultura en su más amplio significado. Es la diversidad en la unidad.    

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